Seguro que esto no os suena, en Freaky Bikes no hemos hecho referencias en los comentarios a esta web que creó mi hermano hace unos años. En ella se daban a conocer los proyectos e inventos que desarrollaba para bicis bajo el nombre de TG Projects. Esa web ya no existe, pero, hoy por casualidad, he dado con este comentario que Omar, director técnico del conglomerado mintinbiquero hizo de mí, dummy de sus creaciones. He aquí sus palabras inmortalizadas.
A Álvaro le va la gresca, es biker desde hace más de 10 años. En la "época hortera del minitinbai" (92-95), ya recorría los acantilados de Uribe-kosta (Vizcaya), con su Scott morada, su casco Soffati blanco y su equipación multicolor.
Nota: mintinbai, es un palabro cortesía de Benji, el gordo de los Buendía.
Comenzó con una bici de paseo azul, como la que tenía Tito en "Verano azul". Cuando le quitaron las ruedecillas, estrenó sus andaduras sobre dos únicas ruedas bajando las escaleras del portal y frenando contra un Dos Daballos aparcado en frente.
Su segunda bici, fue una Orbea Furia, sí, es cierto, no va de coña, realmente se llamaba así. Era uno de esos cacharros con sillín largo en forma de triplaza, y una horquilla doble pletina con muelles y paradójicamente, sin suspensión que la recuerdo de siempre doblada.
De estos cascajos ochenteros pasó a la primera mountain bike, por llamarla de alguna manera. Era una Shimano Mentor morada, así de patético era su nombre. La bautizamos como Mentol, os juro que el nombre le venía al pelo, con su rodar vibrante y ruidoso, parecía que tosía.
Este hierro, se rompía por todas partes. Cascaron las cazoletas de dirección, la propia pipa, las llantas parecían estar onduladas, aquello votaba en los llanos. No recuerdo porqué, pero un freno estaba enganchado con un chicle. A la de un tiempo de estar jubilado el cacharro, éste, pasó a manos de Omar.
La siguiente bici, fue una Scott Cheyenne morada, era el color disponible, no había más remedio. Corría verano del 94, y llegó a casa. Ésta, era ya una mountain bike de las de verdad, con tubería Tange de Cr-Mo biconificado y con soldadura TIG, venía montada con Shimano STX completo. Por aquel entonces, bastaban 7 piñones, frenos cantilever con manetas de 6 dedos, rastrales y horquilla rígida.
Al poco llegaron los pedales automáticos, con las primeras caídas tontas, al quedarse enganchado al parar. Se cambiaron, una vez gastadas, las cubiertas Ritchey originales por unas Tioga Psycho, vaya mierda de ruedas, no agarraban en ningún suelo y pinchaban por vicio. Recibió una horquilla Manitou Pro, elastómeros y muelles, sin aceite, en su día era algo en condiciones y fue el pasaporte a los baches amortiguados y descubrir un nuevo mundo en el mintinbai. El manillar "Miura" que montaba, 54cm de ancho y unos cuernos integrados capaces de acojonar al mismísimo Cordobés Padre, pasaron a mejor vida gracias, a un manillar Answer Taperlite plano. Y por fin se consiguió que diera las curvas. Tras el trato abusivo que le correspondía, perdió buena parte de la pintura, boyos en el cuadro, pipa ovalizada (Álvaro la tiene tomada con las pipas de dirección), se jubiló para dar paso a la siguiente máquina.
Marin Rocky Ridge, era el nuevo bicho, de un flamante rojo Ferrari, llegó en el 97, con su tubería 7000, transmisión y frenos XT "V" y bielas LX de cuatro brazos, heredó los pedales automáticos y horquilla Manitou de la Scott. Esto si que era un buen pepino, completada con llantas Mavic.
Cómo era de esperar y como reza el bueno de Bunbury, nada es para y siempre... Y las averías llegaron. Cubiertas machacadas... Probamos con distintas marcas, WTB, Onza, Hutchinson. Fue graciosa la paulatina muerte de la Manitou, no solo se ablandaron los muelles, la barra derecha, empezó a asomarse por encima de la cabeza de la horquilla a lo largo de las excursiones. En un principio, enderezándola en casa y reapretando el tornillo, aguantaba otro día. Pero fue a más, y ya no sólo asomaba una barra al final del día, llegó el punto, en que después de cada bajada, Álvaro, cogía una piedra del suelo y usándola de martillo, recolocaba las dos barras en sus correspondientes sitios. La horquilla estaba totalmente descabezada. Lamentándolo, hubo que jubilarla por muerte prolongada.
Compramos una flipante Manitou SX-R. Muelles, elastómeros, TPC, y ajustable en precarga, compresión y rebote. Lo mejor que jamás había caído en nuestras manos. Sus ruedas recibieron sendas llantas Mavic 521 con ruedas Coyote y Squale de Hutchinson.
Eran los tiempos en que solíamos hacer míticas bajadas en la zona del Chaparral, por los descensos bautizados como, Las tres trialeras, Escalera y Trialera de Cerro Gordo, La Cronometrada, Rasca-mamá, Cronometrada al Revés, La Putilla, El Cortafuegos... Eran bajadas de entre 500 y 1000 metros de longitud, pero muy cercanas una de otra.
Es una pena que la mayoría de estos caminos hayan sido devorados por despiadados coches amarillos (diabólicas máquinas fabricadas por Caterpillar y amigotes de la competencia).
El día que sustituimos la SX-R, descubrimos que el cuadro Marin, tenía una gran fisura bajo la pipa de dirección, y van tres bicis rotas por el mismo sitio. Fue el día, en que la Marín recibió el último adiós.
Hoy día su cuadro desnudo, decora una de las paredes de los talleres de TG Projects.
"Su última bicicleta", entre comillas, porque en realidad no es tal, es una Cannondale Killer V, cortesía de Marco.
Jajaja! Lo que me he reído leyendo este resumen de mi historia ciclista. Desde entonces he utilizado diversas bicis prestadas, cedidas o sustraídas. He rodado por caminos y trialeras de Italia y el Reino Hundido mayoritariamente. En este mismo blog podéis leer varias de estas aventuras. Ahora os dejo, que me voy a preparar la próxima creación de TG Projects.
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